Por nuestras campas de Urdiales
ya quedan pocos jilgueros
y no canta la cigarra,
la lavandera amarilla
no salpica en el agua.
Ya no mueve su colita
y no salta por las piedras
con sus patas saltarinas,
no tiene el nido en la arena
que está seca junto al agua.
¿A dónde fue la lavandera
a menear su colita?
¿Por qué río anda volando
con sus plumas amarillas,
patas largas tan bonitas,
largas patas saltarinas?
Vuelve, lavandera,
que tu río te reclama,
quiere verte hacer su nido
en las piedras de la orilla
salpicadas por el agua. |
Vuelve, lavandera, a visitar tu río,
que las piedras que pisaste
ya se cubrieron de musgo
porque saben que te has ido.
El agua corre muy triste,
se junta con otros ríos,
te busca por todas partes,
lanza lluvia por el viento
y no puede encontrarte.
Vuelve, lavandera,
vuelve a hacer allí tu nido,
que un día te miramos con cariño,
también fuimos tus amigos,
y hoy que veniomos a verte
ya no estás en nuestro río.
Vuelve a la Igüareñas,
para el río de los Llagos,
que las piedras no se duermen
porque aún te están esperando.
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Ellas te piden que vuelvas,
te lo piden por favor,
dicen que un día las abandonaste
sin saber por qué razón.
Vuelve, lavandera,
a hacer una visita
porque el agua
quiere verte salpicada
por tus plumas amarillas,
y las piedras, que las pises
con tus patas saltarinas.

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