Montañas, muchas montañas
en la misma cordillera,
entre Pedrosillo y Catoute
está el Valle de Roguera,
a la cima la Peña
junto a la Peña de la Llera.
Llera de piedra raliza,
urces, carqueisa y nebrera,
manantiales por el valle,
claveles por la pradera,
pájaros que hacen su nido,
cabras que pisan por ella.
Contaban aquellas gentes
que la peña de Roguera
fue encantada por los moros
cuando vivieron en ella
y allí se quedaba el oro
cuando cerraron la puerta.
En aquel bonito valle
su rebaño de ganado
una pastora guardaba,
al pasar por los arroyos
voces al rebaño daba,
cuando subía a la sierra
a los claveles cantaba.
¡Hay, claveles de Roguera,
que veo desde la sierra,
perfume me trae el viento
de su fragancia tan fresca,
si yo tuviera un amor
claveles, muchos claveles
le llevaría en mi cesta!
La pastora era feliz
contemplaba el sol y el viento,
la mora va caminando,
con un regalo escondido,
de prisa por el sendero.
Mala hora de visita,
en un sol de primavera
a la pastora
le recuerdan los claveles
aquel amor que no llega. |
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Envueltos en el mandil
carbones trae la mora,
se los guardaba en la cesta
sin que viera la pastora,
bien tapados con urces,
que no se vaya el aroma.
Cántale al viento y al alba
alegre dice la mora,
cántale de madrugada,
no destapes la cesta
hasta llegar a tu casa,
cuidado con tropezar
o que se te quede olvidada.
La pastora emocionada
no se podía imaginar.
¿Qué me habrá dado la mora,
qué habrá metido en mi cesta
que yo no pueda mirar!?
tantos años de pastora
no había visto nada igual.
¿Me habrá regalado flores,
me habrá regalado agua
si ahora no tengo sed
y flores, bonitas flores
las veo por la montaña?
No se pudo contener,
sólo que se fue la mora
y la cesta destapó
vio que eran carbones
y enojada los tiró.
¿Para qué quiero carbones
si carbones tengo yo?
¡Carbones en las quemadas,
en la lumbre de mi casa tizones,
siempre ando encarbonada,
si vivo entre carbones!
Cuando llegaba a su casa
ya no piensa en el rebaño,
sólo piensa en los carbones,
que la mora le ha engañado,
y volvió a mirar la cesta
por si alguno había quedado
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¡Cuál sería la sorpresa
cuando la pastora vio
que en la esquina de la cesta
quedó pegado un carbón,
los reflejos que desprende
parecían rayos de sol!
Coge la pastora y vuelve
al sitio que los tiró,
por atajos y senderos,
ya no va por el camino.
Fatigada por las cuestas,
tropezando por las piedras,
las escobas no dan paso,
las zarzas quieren prenderla.
No valieron las fatigas
ni tampoco los senderos,
mucho corrió la pastora,
la mora llegó primero.
Recogiendo los carbones
ya la mora se encontraba,
sólo ver a la pastora
le dice muy enfadada.
¡Márchate de aquí bribona,
qué desagradecida me fuiste,
los tesoros que te di
los tiraste entre las urces!
Cuando pases por Roguera
recuerda la llave de oro
que dicen que tiró la mora
cuando abandonó la Peña,
la tiró con tanta rabia
que se perdió por la llera,
por la Peña de Roguera

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