URDIALES

Urdiales,
tú eres bonito, eres precioso,
al mirarte
nos has contagiado a todos,
desde los ríos hasta el monte,
con el aroma de tus valles
y el perfume de tus flores.

Aquellas cabras valientes
corrían desenfrenadas,
galopando por la sierra,
corriendo los verdes cerros
y respirando el aire puro.

Cuantas veces tocáramos
con nuestra vara
salía un pájaro volando
que su nido acurrucaba,
o una liebre corriendo
toda asustada,
porque en aquella urz
se encontraba allí encamada.

Ya no hay nieve en la sierra,
ni trabancos en el arroyo,
ya no cantan los jilgueros
en el tronco de los chopos,
no hacen nidos en las ramas,
no hay culebras en las rocas,
ni cigarras en la mimbre
que cantaban por la sombra.