Sigue diciendo la
narración de la "Leyenda Aurea", "Desembarcado en las costas
mediterráneas de Andalucía, se adentra en terrenos de la extinta Tartessos, la Tharsis
de las Sagradas Escrituras y, evangelizando aquí y allá, toma la calzada romana que por
Emérita Augusta, Conímbriga y Braccara Augusta lleva a Gallaecia finalizando en Iria
Flavia. Predicó intensamente en esta región, y en los alrededores de Farum
Brigantium, concretamente en Munxía, recibió la visita de la Virgen María que, según
dicen, llegó en una barca milagrosamente guiada por los ángeles. La barca, convertida en
piedra por un milagro de Nuestra Señora, se conserva en el pueblo a los pies de la
iglesia; es una piedra oscilante utilizada antaño en ritos de fecundidad...
El caso es que la Virgen alentó al ya desmoralizado apóstol y le dio
ánimos para seguir la difícil tarea. Perseveró él durante siete años, pero no obtuvo
mucho fruto y, abandonando la región por Lucus Augusti hacia Legio VII Gémina, marchó
hacia las ciudades celtíberas del centro...
Pasó así por Numancia y Clunia, arribando finalmente a Cesar Augusta,
completamente desanimado, casi arrepentido de haber venido a tan ingrato país y
maldiciendo de unas gentes de corazón tan duro. Abatido, se sienta en la orilla del río
Ebro y allí mismo se le aparece por segunda vez la Virgen María, en carne mortal, pues
ella vivía aún en Jerusalén..." -de la "Leyenda Aurea" que se narraba a
los peregrinos en los albergues y monasterios del Camino.
Un monje, Beato de Liébana, que compuso un himno litúrgico entre 783
y 788 dedicado a Mauregato en el que se invoca a Santiago como cabeza de España, fue
quien propagó la creencia en el patronazgo y la evangelización de España por el
Apóstol Santiago, iniciándose entre los cristianos del norte de la Península una unidad
sentimental y religiosa en la lucha contra los musulmanes y convirtiendo al Apóstol en
caudillo al frente de las tropas cristianas en muchas batallas.
"¡Oh Apóstol dignísimo y santísimo, cabeza refulgente y dorada
de Hispania, defensor poderoso y paterno especialísimo!"
A partir del año 813, tras la fabulosa o real aparición del cuerpo
del Apóstol en el castro céltico de Amaea, el culto jacobeo se extendió con vigorosa
savia por todo el mundo cristiano después de la comunicación del hallazgo por Teodomiro,
obispo de Iria Flavia al rey de Asturias Alfonso II el Casto, quien a su vez lo notificó
al papa León III y al emperador Carlomagno.
Alfonso II peregrinó hasta al sepulcro jacobeo fundando tres iglesias,
una dedicada a Santiago a la que dotó con el señorío de las tierras circundantes, otra
a San Juan Evangelista y una tercera dedicada al Salvador, a San Pedro y a San Juan
Evangelista, en la que se instaló una comunidad de monjes benedictinos para encargarse
del cuidado de la tumba y el mantenimiento del culto del Apóstol.
Ya desde estos primeros años comienzan a afluir peregrinos de países
lejanos y, cuenta la leyenda del "Pseudo Turpín", que el emperador Carlomagno
(768-814) arribó entre los primeros, pues una noche, comenzó a intrigarse por un camino
de estrellas que contempló en el cielo y que desde Aquisgrán pasando por las Galias y
Navarra, finalizaba en el Finisterre hispano. En ello, en un sueño Santiago le dijo:
"El camino estrellado que has visto en el cielo significa que marcharás a Galicia al
frente de un gran ejército para librar mi sepulcro del dominio sarraceno, y que, después
de ti , todos los pueblos irán allí en peregrinación pregonando las maravillas de Dios,
hasta la consumación de los siglos". Continúa la leyenda relatando cómo Carlomagno
derrota a los musulmanes y se postra ante el sepulcro del Apóstol. A la muerte del
emperador de Occidente sobre su relicario se dibujaron dos regueros de estrellas en
memoria de esta peregrinación.
Esta pseudohistoria, recogida en el Libro IV del Códice Calixtino (s.
XII), marca la peregrinación por el "Camino de las Estrellas" convirtiendo el
camino de los druidas conducidos por el Oeste hasta el final del mundo conocido, hasta
Finis Terre, hasta el céltico Mar de los Muertos, es el Camino de Santiago o de la Vía
Láctea.
De otra manera, y ambas buscando propagar la espiritual virtud de la
peregrinación, la "Leyenda Aurea" indica por tierra el Camino de los peregrinos
por la ruta que el apóstol Santiago siguió hacia Cesar Augusta hasta su regreso a
Jerusalén, ruta que desde Iria Flavia, por Aquis Celenis, por Lucus Augusti, por
Bérgido, por Interamnium Flavium, Legio VII, Numancia, Clunia llegaba hasta Zaragoza.
Dejando de lado las dudas y discusiones sobre la presencia de Santiago
el Mayor o Jacobo el de Zebedeo en España, lo cierto es que los peregrinos yendo a
Compostela cruzaban el Bierzo siguiendo el camino trazado sobre la Vía Nova romana, por
lo que partiendo desde Astorga pasaban por Interamnium Flavium y Bergidum, continuando por
el itinerario y huellas de la Vía Antigua por Villafranca hacia Lugo y Santiago de
Compostela. El camino hacia el apostólico sepulcro se dirigía por los pueblos de la
Cepeda, Villagatón, Brañuelas, por las Bárcenas y Almagarinos subía la Pasada de Boeza
y por entre los deslindes de éste, Rodrigatos e Igüeña, hacia la Cruz Cercenada, que se
halla entre éstos y Quintana junto al monasterio de San Martino, yendo a Quintana de
Fuseros, Cabanillas, San Justo, Labaniego, Arlanza, Losada, Rodanillo, Cobrana, Congosto,
Bárcena, Cabañas, Magaz y Cacabelos. Curiosamente y a consecuencia de las repoblaciones
del conde Gatón y el obispo Indisclo, se repiten al Este y Oeste de la Cruz Cercenada
nombres de topónimos o pueblos símiles o cognominados, como Magaz, Bárcena o Bárcenas,
Rodrigatos y Rodanillo, y el mismo Quintana.
Llegado Almanzor al poder musulmán, deseoso de infligir un ejemplar
castigo a la cristiandad y para que el eco de su victoria se extendiera por todo el orbe
cristiano, eligió el Camino de Santiago, cuya trascendencia traspasaba las fronteras de
España. Su expedición hasta la ciudad de Santiago de Compostela fue devastadora, las
ciudades, pueblos, iglesias y monasterios de la ruta jacobea fueron arrasados, y, entre
ellos, Astorga, Taurón (Interamnium) y Castro Ventosa (Bérgidum).
El estrago y la ruina originados por el despecho de Almanzor acrecentó
aun más el fervor de los cristianos que afluían sin cesar hacia la tumba del Apóstol.
La reedificación de los pueblos del Camino se convirtió en ardua
tarea y, ocupados los reyes en la reconquista, se inició la de Astorga promovida por el
Obispo, como así lo hizo en Santiago el Arzobispo de la diócesis compostelana, que en el
año 1108, pasados más de cien años, inauguraba el Santuario de Cacabelos, al lado de
Castro Ventosa, donde reconstruyó esta villa, que pasó a formar parte de su
jurisdicción episcopal. Pero, pasado ya casi un siglo sin haberse reconstruido el camino
original entre Castro Ventosa y Astorga, por Taurón (Interamnium) y la Cepeda, los
peregrinos habían comenzado a dirigirse hasta el Bierzo por el que se convertiría en el
actual itinerario de la peregrinación, ruta que no había sufrido las iras del guerrero
de Córdoba y en la que se colocó como divisa la Cruz de Ferro, homóloga de la Cruz
Cercenada.
De la reconstrucción de Taurón hubo de ocuparse el mismo rey Fernando
II, ya que el Obispado de Astorga dio otra solución al paso de los peregrinos y sólo se
preocupó de la reconstrucción de Astorga y el señorío religioso de San Justo de
Cabanillas, al lado de Interamnium llamado por entonces Taurón, encomendándola a los
Caballeros de la orden del Temple hacia el año 1178, a quienes donó la plaza y su
castillo derruido, que Alfonso III había construido en el año 884 para la defensa de la
villa.
Los Templarios iniciaron un nuevo levantamiento en las inmediaciones de
Fuseros, surgiendo así una urbanización, en cuyas casas nobles residía el tenente del
pequeño señorío de la tenencia de Boeza, edificación que al final del medievo sería
Quintana de Fuseros y que, de no haber sido reclamados aquellos por Fernando II, incluso a
pesar propio, para repoblar Puebla de San Pedro y proteger a los peregrinos, se hubiera
hecho realidad, si bien legítimo es aunque no se propagó, fuera la segunda
reconstrucción de Interamnium Flavium.
En este tramo del antiguo Camino de Santiago existieron un gran número
de monasterios, un rosario de ermitas, e incluso un hospital de peregrinos entre Cobrana y
Congosto, así como un Santuario donde se ganaba el jubileo, el de la Virgen de la Peña,
e incidimos en el símbolo y divisa de este viejo Camino, una cruz, la Cruz Cercenada, de
la que la Cruz de Ferro, plantada a la orilla de la nueva ruta, es copia equivalente. La
Cruz Cercenada, cortada, mutilada, talada por el destructor paso del agareno Almanzor,
colocada sobre un cúmulo de piedras cristianizaba la señal de un camino astur, un Monte
de Mercurio romano y hasta ella llegaba otro camino que venía desde las Omañas por
Fasgar, la ermita del Patrón Santiago, Colinas e Igüeña, unificándose con el que
venía por la Cepeda Almagarinos y Boeza hasta Quintana.
Monasterios entre Quintana de Fuseros y Bárcena: El de San Martín,
con necrópolis, en la Cruz Cercenada, Santa Leocadia en Quintana, San Fructuoso en
Labaniego - Arlanza, en Losada el de San Pedro y San Pablo, el Santuario de la Virgen
de la Peña en Congosto y, en Bárcena y Posada, los de San Salvador y San Julián.
Ermitas: La de Santiago en una campa en el monte de los Mozones de
Quintana y Boeza, en Quintana la de Santiaguiño, San Adrián, Santa Lucía, el Santo
Cristo y San Esteban en Fuseros, y, otras, el Santo Cristo en Losada y la Virgen de la
Vega en Cabanillas y San Justo. Los pórticos de estas ermitas servían para pernoctar los
peregrinos.
Otros signos del Camino se recuerdan como el Hospital de Peregrinos en
Cobrana hacia Congosto y en éste el Val de Santiago y el Puente Viejo.
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