Los castros de Quintana de FuserosMenú

   
    Los astures habitaban el NO de la Península. El río Sella (Astura) trazaba por el E la frontera con los cántabros y el Navia con los galaicos por el O, mientras que por el S se extendían hasta las llanuras de León. Junto con los cántabros y vacceos fueron los últimos pueblos de la Península Ibérica que se sometieron a Roma.
    Los gigurros o jeures eran galaicos arraigados en la comarca de Valdeorras a la vez que repoblaban parte del Bierzo, donde estaban establecidos los astures tagarros; los amacos, lancienses y  brigecinos lo hacían en el resto de la provincia de León, colindante con tiguros, galaicos y vaceos.
    Mientras, el Imperio y la codicia de Roma se extendía por el mundo conocido, siendo los astures junto con los cántabros y vacceos los últimos pueblos de la Península Ibérica que fueron sometidos a su yugo.

  Castros   Campas    

  Quintana de Fuseros es un ámbito fecundo en  moradas castreñas; a juzgar por sus pobladores, apreciamos dos tipos de castros: romanos, y prerromanos, así como la cultura de los mismos, si bien la romanización apenas afectó a sus moradores.
    En esta parte de la submontaña norestal del Bierzo, próximos a los amacos augustanos habitaban los tagarros, etnia astur, diferenciada de los gigurros, que habitaban la comarca de Valdeorras y a estos galaicos recurrieron los romanos para repoblar la parte baja del Bierzo de la que se habían retirado los rebeldes astures, colonización de la que derivan las pallozas, que son redondas u ovaladas con techumbre cónica de ramaje o paja como eran las citanias de los castros galaicos, mientras que en los castros astures las viviendas que los integraban eran rectangulares y techados de idéntico material que las anteriores, no así las moradas de los castellum romanos, que estaban cubiertas por losados de pizarra clavada.
    Los tagarros se asentaban en el Valle del Era tatuando su geografía con la urbe y el castro de los Tagarros; su nombre, juntamente con el topónimo del teso el Griego, nos induce a pensar que los griegos estuvieron en estos lugares antes que los romanos, ya que tiene su origen en el término griego  tagos -ou -ó, que significa estratega, muy semejante al latino tagax -acis que hace referencia a astuto, sagaz, perspicaz. De haber estado aquí los griegos, seguramente de ellos aprendieron a explotar el oro, escachando las rocas y precipitándolas a los arroyos y ríos para luego cavar las arenas en sus remansos, lagos y lagunas. Observando la orografía de este valle, vemos que en el teso el Griego, en Piedrafita, nacen los ríos Oureo y el Era, donde se ven gigantescas escombreras de rocas, y más abajo se encuentra el remanso de Fuseros, Carrallavada, la Canalina, el lago del Moural y las lagunas de Refueyos y de la Lavandera, lagos que, ampliando las técnicas de la explotación aurífera, fueron desecados por los romanos, entre cuyos fondos secos asentaron un fuerte con los repobladores al que llamaron Interamnium, precisamente por ser un lugar o asentamiento entre los lechos de dos pequeños lagos o lagunas.
   En el lugar de las Eras la Legión V romana fundó su campamento, asentamiento que ocupaba la llanura próxima a la Burga de Refueyos, y construyó un foso que divide el valle, entre Quintana y Cabanillas, levantando en uno de sus extremos una torre como fortín de la guardia, alrededor de la cual se edificaron otros habitáculos, surgiendo así el castro de Torre. Otro castro romano es el collado rocoso de Los Castros, sobre el que se edificó posteriormente un castillo, que fue una de las donaciones que Fernando II hizo a la Orden de los Caballeros del Temple.
    El objetivo principal de la campaña romana no era esclavizar ni exterminar a los astures, sino que, ante la necesidad de costear el salario de los ejércitos empeñados en guerras y la defensa de las fronteras del Imperio, su finalidad era el dominio, el beneficio y administración de su industria extractiva, y  la opresión, cargas e impuestos llegaron a ser tan grandes, que los astures se rebelaron y en la insurrección y lucha se confinaron tras los fortines de las elevaciones de sus torcas,  y la altitud de los castros y campas en la montaña.
    Las torcas son elevaciones del terreno cuyas paredes eran erosionadas por el agua conducida, que arrastraba el barro y la arena formando lamas. Están circundadas por arroyadas o regueras en las que se escarbaba y lavaba buscando el oro de estas sedimentaciones y muestran un efecto artificial, como si estuvieran fortificadas con un foso; al lado de cada una de ellas, en lugar llano, existen restos de poblado prerromano.
    Además de la resistencia en los castros y torcas, que formaban una trinchera de más de dos kilómetros, en las campas de la montaña construyeron campamentos en los que aposentaban a las mujeres y niños, y a donde los guerreros huían tras las refriegas con los soldados romanos. Los nombres de estas campas hablan de la resistencia heroica de los astures en las que fueron quemados, abrasados y vencidos, como Ardiegos, Brasón, Batalla del Era...
    El tiempo nos ha conservado los nombres de estos lugares, topónimos de fortines como el de las Torcas, la Torquina, el Torcón, la Torca y el Torcanón, los de los castros de los Tagarros, el Chano Mayor, el Corralín de las Viellas, la Ciudad de las viellas, los de los Mozones y las Candales, y un gran número de campas, como la de la Batalla del Era, la Colladina, la Campa Grande en Piedrafita, la de la Braña, la del Cuerno, la del Corzo, la de Fuyinas, la de Rudamián (Rutamanes), la de Ardiegos, el Brasón, todas en lugares altos y estratégicos de los montes del valle del Era.
   En la campa de la Batalla del Era tuvo lugar la derrota y el definitivo sometimiento de los tagarros, y los romanos les obligaron a vivir y realizar sus reuniones (forum) en la llanura y a abandonar sus castros y campas, dedicándose a las explotaciones auríferas, y a la agricultura. De este modo se consolidaron las urbes de Interamnium, que llamaban también, probablemente en reconocimiento al cónsul Statilio Tauro fundador de los primeros establecimientos de ocupación antes de la guerra, Tauralem o Toral, y tenía el rango de capital, lugar importante o principal; la de Valdurbán (Tagarros) donde se establecieron los agricultores y ganaderos, y el poblado de Fuseros, aposento de los fossores, cavadores y lavadores de las arenas del río. Desde la fortaleza de Los Castros se ejercía el mando potestativo, y Torre, donde se han encontrado crisoles y moldes, se convirtió en el lugar de la fábrica y transformación del oro.
    La ciudad de Interamnium fue destruida en el año 457 por el rey godo Teodorico II durante una sangrienta y desoladora invasión del reino suevo, donde reinaba Requiario, y se reconstruyó con el nombre de Toral (Taurón, Tauralem), que significa fuerte, fortín, en el mismo solar donde los tagarros fueron obligados a vivir. La ciudad de Taurón, en el Camino de Santiago, fue destruida por Almanzor en el año 897 y, encomendada su reconstrucción a los Templarios, surgió una urbanización en Fuseros llamada Quintana, donde residieron los tenentes de uno de los señoríos en que se subdividía el territorio del Bierzo desde el siglo XII hasta los Reyes Católicos, la tenencia del Boeza.

    Los castros son poblados fortificados en la cima de los montes con fosos y terraplenes defensivos.
    Las viviendas o cabañas que integran estos castros prerromanos se llaman citanias. Sus paredes están construidas en mampostería y la techumbre era de ramaje, presentando plantas redondas u ovaladas los galaicos, y rectangulares los astures. Las actuales pallozas derivan de las citanias.
    Sus moradores utilizaban instrumentos de piedra. La cerámica, con motivos geométricos, no era muy elaborada. Son característicos los torques o collares, algunas veces de oro y plata, y los grabados rupestres de incisiones anchas y profundas, piqueteados generalmente en losas, arte prehistórico llamado inscultura.