En el año 206 a. J.C. Hispania estaba gobernada por dos pretores, y por sus condiciones
geográficas, tras las elecciones romanas del año 198 a. de J.C., se produjo su división
en las que de hecho eran sus dos provincias la Citerior y la Ulterior, ramificación hecha
oficial en el año 197, año de la sublevación de las tribus indígenas. Este
levantamiento hizo que el senado romano enviara al cónsul Marco Porcio Catón a la
Hispania Citerior ese año, y se convirtió en provincia consular, como lo era Italia, si
bien las dos provincias hispánicas siguieron gobernadas por dos pretores.
La dominación romana se fue extendiendo; las guerras con los lusos y
celtíberos se sucedieron hasta el año 72 a. J.C.; Hispania fue el escenario de la guerra
civil entre Cesar y Pompeyo, asegurando aquel su mando sobre la Hispania romana en el año
49 al expulsar a los pompeyanos de las dos provincias, y, con la finalización de las
guerras cántabras en el año 19, Hispania, pacificada, se dividía en tres provincias, la
Tarraconensis (Tarragona), la Bética (Córdoba) y Lusitania (Mérida), división
realizada por Agripa en el año 27 a. J.C.
En el año 7-2 Augusto cambió los límites de las provincias y las convirtió en
conventos jurídicos, de significación judicial y militar. Caracalla (c. 214) organizó
una nueva división surgiendo dos nuevas provincias, Gallaecia y Asturica.
La frontera del Imperio romano dividía Hispania y el dominio se iba
extendiendo hacia la parte noroccidental tratando de adueñarse de las tierras y
explotaciones de los pobladores autóctonos conforme Roma necesitaba; las tierras
conquistadas eran vendidas a otras tribus con las que Roma tenía acuerdos pacíficos, a
las que cobraba impuestos y con las que se aliaba para seguir dominando. La conquista de
Hispania no fue empresa fácil, en el año 155 a. J.C. se inicia la rebelión de los
vetones y lusitanos, que duró hasta el año 72 a. J.C.; a ésta se sumó en el 143 la de
los belos, los titos y la tribu de los inmortales arévacos numantinos, cuya ciudad tomó
Escipión en el año 133.
En Celtiberia no llegó la pacificación hasta el año 19-16 a. J.C.,
con la conquista de los astures de la meseta, obligados a retirarse tras las montañas de
León y del Bierzo, rebelión que no fue dominada en menos de diez años.
Fueron los astures, junto con los cántabros y vacceos, los últimos
pueblos de la Península Ibérica que se sometieron a Roma. LAS ESCOMBRERAS DE LA
PEÑA DEL ERA
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Peña del
Era, donde nace este río antes de avenar el valle.
Aquí vemos la escombrera formada por las rocas de cuarzo machacadas
para sacar de sus vetas el polvo amarillo donde podían encontrarse las áureas pepitas. |
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Roma, necesitada
para pagar sus guerras y mantener las fronteras del imperio, no cejó en su conquista. El
oro del noroeste de Hispania le urgía para mantener los fines del Imperio.
Las explotaciones de los astures, saqueados, esclavizados y obligados a
trabajar para Roma, supusieron un ingreso extraordinariamente grande, y los romanos las
organizaron empleando una metodología nueva y diferente, distinta de la de cavar en las
cuevas y lavar las arenas en las orillas de lagos y ríos, que desecaron y crearon
monumentales movimientos de tierra, quizás durante más largo tiempo y mayor cantidad que
en las propias Médulas.
Alrededor de cualquier castro berciano podemos localizar una zona de lavado y explotación
aurífera. En el ámbito del Valle del Era, valle fértil en castros tagarros, venado por
los ríos Era, Oureo y los Corros, nos encontramos con muchas señales del laboreo de este
preciado metal; los topónimos cuya derivación verbal se enraíza en el verbo lavar
(lavare) son prolíficos; los estériles amontonados en mouruecas y paredes de fincas se
pueden medir por toneladas, y los lagos desecados, que forman la orografía llana del
valle, juntamente con los tajos cavados de tierra roja y arena cuarzosa a cielo abierto, y
las laderas montañosas asurcadas forman el entorno geográfico de Quintana de Fuseros,
relieve tan peculiar y referido al oro como el complemento del mismo nombre.
FUSEROS
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Aquí podemos
contemplar el interfluvio de los ríos Corros y Era, lugar del asentamiento del primigenio
pueblo de Fuseros, llamado Corral la Peña, topónimo que nos conduce a corro o pequeño
cuerpo o grupo de soldados.
La ladera de la derecha, hoy repoblada de castaños, está llena de restos de
piedras lavadas y torrenteras que llevaban los sedimentos hasta el remanso de la Canalina,
donde eran bateadospor los fosores. Este lugar se llama Carrallavada. |
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Los fossores
(fodio, fodi, fossum), o cavadores de las arenas, eran los principales trabajadores de la
explotación y dieron origen a un asentamiento llamado Fuseros; eran los buscadores de las
pepitas de oro, pepitas arrancadas de las vetas de las rocas cuarzosas de la montaña,
rocas molidas y precipitadas a los ríos Oureo(oro), Era y Corros, rodándolas hasta
remansos organizados en sus cauces, donde se cavaban los sedimentos y se recogía el
preciado metal. Estos remansos los encontramos en el lugar llamado Requejo (requiesco), en
el río Oureo, que significa tranquilo; en el río Era, en el mismo lugar del asentamiento
de Fuseros, estaban el de Perales (Venales) y Carrallavada (carus-lavare) o la Canalina,
y, ya en Quintana, el lago del Moural, la Lavandera y Refueyos, con su arroyo.
Desde Fuseros hasta Quintana se conducía
el agua de las regueras, las fuentes y la de la misma lluvia por las laderas de las
montañas para erosionarlas, y su tierra era arrastrada en arroyadas hasta el río Era que
la depositaba en los remansos de Fuseros, la Canalina y el Lago del Moural. En la
vertiente del E, junto al Chano Mayor, castro sobre Fuseros, está la reguera del Valle,
utilizada para para erosionar la Llaviega ( verbo lavare), las fuentes del Fontanal
y su reguera, Pedragales y la Muela con su reguera, topónimo que expresa con exactitud el
acto de moler, gastar, erosionar. En la otra vertiente, del lado del poniente, está el
lugar de Carrallavada (carus -lavare) y Llavallolos (otra vez el verbo lavare), donde
utilizaron sus fuentes para formar tres cañadas hasta el río, y las faldas del castro
las Torcas, llamadas Ñavales (debería ser Llavales, de lavare) que también eran
arroyadas hacia el lago del Moural, donde el apéndice de la Pinilla, que extiende su
esquisto rocoso por debajo de la construcción de Quintana, estancaba el río hasta que
fue desecado.
EL LAGO DEL MOURAL Y LA LAVANDERA
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Las piedras
molidas y lamas de la Muela iban a depositarse en el lago del Moural, donde
se ubican ahora los campos de deportes de Quintana.
Aquí vemos la Lavandera, paraje que por sí mismo tiene forma de lago o
laguna; en su fondo se lavaban las arenas cuarzosas mezcladas con la peculiar tierra
rojiza, cavadas a cielo abierto desde el castro de la Torquina hasta Corrales, pie de la
foto, donde el esquisto, que fue cortado, hacía un muro estancando el agua del río Era. |
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La organización en el río Era no terminaba en el lago del
Moural. En el río Era se cruzaba otra roca en el lugar de Corrales, el apéndice de los
Castros, y formaba una laguna, la laguna de La Lavandera. Esta roca también fue picada,
creando una gran hondonada seca donde se lavaban en su fondo las arenas y las lamas
arrastradas por la reguera de la muela, las de la Torquina y las arenas rojas y
cuarzosas del gran tajo a cielo abierto de su orilla, la orilla de la Lámpara y la de San
Adrián.
Más hacia el E, los arroyos de Valdecouso y Fuyinas también
estaban organizados para el lavado del oro, como vemos en el castro del Torcón, las lamas
de las arroyadas de los Silvanes, en Bustillo la vertiente de los Tagarros, el Rañadero y
Llama la Canal, y en Fuyinas existen los Llavalines de Fuyinas, y alrededor del castro los
Tagarros, en Valdurbán y las surcadas arenas rojizas, yendo hacia Valdaceite.
En Refueyos, que es la zona del arroyo que nace en la Burga, también vemos que se cavó
una gran masa de tierra, que hay muchos estériles y que se construyó otra cañada que
baja precipitada desde la cima. El arroyo de Refueyos también estaba estancado, pues se
notan sus marcadas orillas, y es obvio que fue abierto su paso junto al castro de la mata
Torre, en un extremo del foso de las Eras, donde se asentó el campamento de la Legión V,
y cavado y lavado su fondo.
CUSTODIA Y TRASLADO DEL ORO
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El crisol de
piedra y estos moldes de loseta blanca dan fe de que aquí se fundía el preciado metal, y
que también se transformaba en joyas. |
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Todo el oro que se producía se entregaba y custodiaba en la Torre (Mata Torre),
guarnición militar junto al campamento, hasta su traslado a Roma en los convoyes
procedentes de Galicia, el Bierzo Bajo y las Méduas.
Un crisol de piedra nos da la certeza de que el oro era fundido y, no
sólo convertido en lingotes, sino, como nos indican moldes encontrados, también era
transformado en joyas que se vendían entre los colonos y los legionarios licenciados que
vivían en Interamnium Flavium y los soldados que iban de permiso a sus pueblos o ciudades,
que solían llevar regalos para sus novias y familiares. De esta manera el oro revertía,
ya en forma de dinero, al erario público para pagar los salarios militares y suministros
del campamento. |