La destrucción de Interamnium
La ciudad de Intermanium Flavium fue aniquilada
en el año 457 por el visigodo Teuderico II, rey de Tolosa. Sobre su solar se reconstruyó
una nueva villa con el nombre de Toral o Taurón, que, situada en el Camino de Santiago,
fue asolada por Almanzor en el año 997
Decadente el
Imperio romano, a principios del siglo V quedó libre el paso de los Pirineos, fruto de
las alianzas con los pueblos bárbaros. Una rama de los suevos, procedentes de las tierras
entre el Rin y el Danubio, juntamente con los alanos y vándalos asdingos, dirigidos por
Hermerico penetraron en el año 409 en la Península, en un peregrinaje devastador y
sangriento, hasta establecerse en la provincia romana de Gallaecia en el año 411, donde
fundaron el reino suevo.
El debilitado e impotente Imperio, juntamente con la victoria de los
suevos sobre los hispanogalaicos en el año 431, fue propicio para que se consolidara este
reino, que duró hasta el año 585 en que fue anexionado por Leovigildo al reino
visigodo.
El reinado de Hermerico (411-441) y el de su sucesor Requila (441-448)
fueron años de tiranía, saqueo, pillaje y destrucción, y los suevos, conscientes de su
poder y de la debilidad de Roma, proclamando la independencia, iniciaron una etapa de
expansión, ensañándose su confesionalismo arriano contra el catolicismo de la España
romanizada.
En el año 448 sucedió a Requila su hijo Requiario (448-456), que se
convirtió al cristianismo y casó con una hija del visigodo Teodorico II, instaurando la
paz en sus estados, que fue extendiendo por la Meseta central y el norte de Hispania. En
el año 449, en compañía del general romano Basilio, devastó Zaragoza, bajo el pretexto
de someter la rebelión de los bagaudas, e invadió Lérida. Proclamado emperador Avito,
Requiario se negó a reconocerle, y en el año 455 invadió la Tarraconense, hecho que
provocó la reacción del rey de Tolosa, Teodorico II, aliado de Avito, que acudió a
combatir a los suevos, a los que derrotó en las orillas del Orbigo, cerca de Astorga
a finales del año 456, continuando hasta tomar la capital del reino, Braga, donde hizo
prisionero al rey suevo y le mató implacablemente, llegando victorioso hasta Mérida.
Esta incursión dio lugar al primer establecimiento importante de
visigodos en Hispania, localizado en la actual Tierra de Campos, que se llamó durante
mucho tiempo Campi Gothorum.
Teodorico regresó de nuevo hacia el norte con ademán destructor, y en
este periplo redujo Astorga a un montón de ruinas. Su vecinos y la gente de los
entornos, con su obispo Toribio y la santa imagen de la Virgen que se llamaría de la
Encina, se refugiaron en Interamnium Flaviun, ciudad cercana de la submontaña del noreste
del Bierzo; pero Teodorico, hinchado de saña y crueldad, los persiguió, y su avance
devastador prosiguió por el Bierzo, ocasionando la aniquilación y total destrucción de
Intermanium Flavium y los Tagarros, arrasando a sangre y fuego la comarca antes de
partir para Tolosa. De este aniquilador paso es una huella el topónimo de los Valles
de los Godos.
Astorga fue reconstruida por su obispo Toribio, que al regreso del
obligado exilio se preocupó de su reedificación, promoviendo también la de Interamnium
Flavium, su refugio, que surgió con el nuevo nombre de Toral o Taurón, nombre que
significa fuerte, haciendo honor al lugar importante de los astures durante la
colonización romana. Aquí dejó el obispo su imagen preferida que, para eliminar los
ritos paganos que aun se conservaban en la zona al ídolo Tauro, o dios de la fuerza,
Quercus (encina), la tituló Virgen de la Encina, advocación que se extendió por la zona
y, particularmente, además de en Toral, a los pueblos colindantes de Rozuelo y
Boeza de los que es la Patrona.
A finales del siglo VIII Beato de Liébana había propagado el
patronazgo y la evangelización de España por el Apóstol Santiago, entre controversia y
con opiniones en contra, si bien su simiente caía en terreno abonado por su fama entre
los cenobios y su lucha contra la herejía del adopcionismo, que lo puso en contacto con
Carlomagno, que a su vez se convirtió en patrocinador del mito que nacía, el Camino de
Santiago. Con él se santificaba el antiguo camino de los druidas hacia Finisterre y el
norte de España comenzaba a tener una unidad sentimental y religiosa en la lucha contra
los musulmanes, convirtiendo al Apóstol en caudillo al frente de las tropas cristianas en
muchas batallas.
Taurón era una villa del itinerario hacia Compostela y se había
convertido en una villa relevante del reino de León. Hacia el año 970 pertenecía a Don
Gonzalo Bermúdez, dueño del castillo de Luna y gran cortesano del reino, con grandes
posesiones principalmente en el Bierzo, donde, con su esposa Ildonza, fundó el convento
de San Miguel de las Dueñas, entre cuyas dotaciones incluyó la de la finca de la Abadesa
en Quintana de Fuseros. Posteriormente donó el señorío de la villa a su yerno Don
García y, cómplices y rebeldes ambos con los nobles de la Corte, traicionaron a Bermudo
II mientras se encontraba en campaña contra los musulmanes, a cuyo regreso fueron
sometidos por el rey y enajenados sus bienes, que pasaron, en el Bierzo, a ser propiedad
de Sampiro, fiel notario del rey.
En el año 997 Almanzor, deseoso de infligir un ejemplar castigo a la
cristiandad y para que el eco de su victoria se extendiera por todo el orbe cristiano,
eligió el Camino de Santiago, cuya trascendencia traspasaba las fronteras de España. Su
expedición hasta la ciudad de Santiago de Compostela fue devastadora, las ciudades,
pueblos, iglesias y monasterios de la ruta jacobea fueron arrasados, y, entre ellos,
Astorga, Taurón (Interamnium) y Castro Ventosa (Bérgidum); de tal manera quedaron
asolados los pueblos en la zona de la Cepeda y el Bierzo, que el mismo camino de los
peregrinos cambió su rumbo entre Astorga y Cacabelos.
La reedificación se convirtió en ardua tarea; se inició la de
Astorga, promovida por el Obispo, como así lo hizo con Santiago el Arzobispo de la
diócesis compostelana, preocupado por el Camino de Santiago, que en el año 1108, pasados
más de cien años, inauguraba el Santuario de Cacabelos, al lado de Castro Ventosa, donde
reconstruyó esta villa, que pasó a formar parte de su jurisdicción episcopal. La
reconstrucción de Taurón o Interamnium fue encomendada por Fernando II a los caballeros
de la orden del Temple hacia el año 1178, a quienes donó la plaza y su castillo
derruido, que Alfonso III había construido en el año 884 para la defensa de la villa,
más bien que contra las incursiones árabes, por las pretensiones del conde de Lemos,
Fruela Bermúdez, que le disputaba la corona, reminiscencia de lo cual se conserva en
Quintana el topónimo de Val de Fruela.
El estrago y ruina originados por el despecho de Almanzor acrecentó
aun más el fervor de los cristianos que afluían sin cesar hacia la tumba del Apóstol,
y, pasado ya casi un siglo sin haberse reconstruido el camino original entre Castro
Ventosa y Astorga, por Taurón (Interamnium) y la Cepeda, habían comenzado a dirigirse
hasta el Bierzo por el que se convertiría en el actual itinerario de la peregrinación,
ruta que no había sufrido las iras del guerrero de Córdoba. La fluidez de las
peregrinaciones, que pasaban sobre el río Boeza en el lugar de Pomboeza y se dirigían
por el poblado de Santo Tomás de las Ollas y Compostilla hacia Cacabelos, forzó la
preocupación del obispo Osmundo (1082 - 1096), que, para hacer el camino sin tanto rodeo,
construyó un kilómetro más abajo un puente para pasar sobre el Sil y una iglesia
dedicada a San Pedro, surgiendo otras edificaciones a su alrededor y con ellas, el lugar
de la Puebla; la curiosidad y observación de los peregrinos hizo que comenzaran a llamar
al poblado naciente Ponferrada (pons ferrata) porque sus barandillas eran de
hierro.
De la reconstrucción y repoblación de la vieja vía hubo de
preocuparse el mismo rey Fernando II (1157-1188), empresa en la que involucró a los
Caballeros del Temple, a quienes hacia el año 1178 encomendó la reedificación de
Interamnium o Taurón donándoles el arruinado castillo de esta villa. Los Templarios
iniciaron un nuevo levantamiento en las inmediaciones de Fuseros, surgiendo así una
urbanización, en cuyas casas nobles residiría el tenente del Boeza, pequeño señorío,
entre varios en que se organizó la comarca del Bierzo, perteneciendo a diversos señores,
que, a su vez, de no poder residir en esta villa al estar ocupados en campañas bélicas o
por tener otra residencia y atribución superior, delegaban el gobierno de la
jurisdicción en un merino. Esta tenencia, como el resto de las del Bierzo, desaparece en
la época y a favor de los Reyes Católicos, período en la que a esta urbanización de
quintas o villas comenzó a llamársele Quintana.
La ciudad fundada por D. Osmundo, fundación que contó con la
reprobación del mismo rey con un fuero en el año 1180, tardó en progresar y los
peregrinos sufrían los ataques de salteadores y malhechores, por lo que Fernando II
requirió el traslado de los Templarios de Interamnium o Taurón a Ponferrada para la
custodia de aquellos. Esta mudanza, que supuso gran beneficio para Ponferrada con la
edificación de un castillo por los Templarios y, poco a poco, el resurgimiento de la
nueva ciudad, puesto que aun en el año 1244 tuvo que ser repoblada por Fernando III,
acarreó la definitiva desaparición del camino original hacia Santiago por Interamnium;
de la Cruz Cercenada, como su nombre indica, cortada, talada, destruida por Almazor se
colocó otra homóloga en Foncebadón, y la misma imagen de la que sería la Patrona del
Bierzo, que, según la tradición, "los Templarios la encontraron en el hueco de la
encina al hacer madera para el castillo romano que estaban reedificando, destruido con la
ciudad de Interamnium Flavium", en la que Santo Toribio se había refugiado con ella,
fue llevada por aquellos a la nueva plaza.
La villa surgida en Fuseros, Quintana, ya no llegaría a tener la
importancia de la vieja ciudad de Interamnium, reconstruida como Toral, cognómen éste de
los pueblos de San Esteban de Toral y Santibáñez de Toral y del que su solar y muros
aún permanecen entre las hondonadas del arroyo de Refueyos y el río Era, entre las
lagunas desecadas de Fondo las Llamas y la Lavandera o Fondo la Vega. El topónimo de
Toral es el blasón que nos queda del asentamiento fundado antes del año 27 a.C. por el
cónsul romano Statilio Tauro.

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