Piedrafita tiene el privilegio de
haber sido el último refugio de los tagarros, astures del Bierzo, y el apoyo a su heroica
resistencia en las torcas. Por ello son muchas las campas que hay en la zona. La Campa
Grande es la principal , al lado del mismo pico, diseminándose por el contorno la del
Collado, la de Xafra, la del Piornal, la de la Braña y la del Cuerno, y volviendo hacia
el pueblo de Quintana, la de Ardiegos, la de Rudamián, la del Corzo, la del Brasón y la
de la Batalla del Era.
Desde Piedrafita se puede avizorar todo el Bierzo y contemplar su extraordinaria belleza,
desde las montañas en el Norte hasta las del Sur, y desde el horizante gallego hasta la
llanura maragata. Las águilas planean en el valle sobre las peñas, los corzos pastan
junto a los arroyos y se esconden en los robledales, y los bandos de perdices pardas toman
su baño de tierra entre los arándanos y las urces del brezal de la cima.
En Piedrafita se sienten extraordinarias sensaciones. El amarillo oro
de la flor de la genciana recuerda a los buscadores del preciado metal, y los manantiales
borbotean eternas lágrimas rememorando las gestas de los tagarros.
Plan: Pasar un
día ideal oxigenándose, tomando el sol más cerca del cielo; caminar un poco y
contemplar la excelente panorámica que ofrece la naturaleza.
Epoca: Por los cuadros que ofrece la naturaleza, todo el año. Las
sensaciones de la primavera son distintas de las del otoño o del verano, y en invierno la
nieve cubre de blanco esta cima, por lo que también se la conoce como Palumbar
(palumbes,-is), paloma. Los meses de junio, julio y agosto son los preferidos por las
familias de Quintana, que se reunen durante las vacaciones. Cualquier rato es bueno para
subir a comer un bocadillo en las fuentes o sacar unas fotografías. En el período
venatorio constituye un punto de reunión para los cazadores.
Recorrido: Desde Quintana hasta Piedrafita 9 kms.
Se puede subir en coche, moto o minicars; con bicicleta de montaña lo hacen los más
valientes. A pie o con cabalgadura es mejor ir por Fuseros o el Fontanal, aunque cambia la
visión y se repara de manera distinta en la naturaleza.
Acampar: Los manantiales de los Corros es el lugar más preferido, pero
tan excelente resulta hacerlo en la campa de la Braña o la del Piornal, así como en las
proximidades del refugio que llaman la casina (nombre de una antigua choza en la que
pasaban la noche los pastores de un hato de reses).
Qué hacer: Ha llegado al territorio de la tranquilidad, disfrute del
sosiego. Visite la fuente y dese un paseo, el lugar es llano.
Si tiene que hacer la comida, dispone de parrillas o adecúe su sitio, ayude a recolectar
la leña y a colocar las cosas. Mientras se preparan las ascuas, anime el momento con un
poco de jamón, queso y chorizo. La habilidad del cocinero le presentará en su momento
una excelente paella, unas chuletas a la brasa o un rico cordero asado. Disfrútelo con un
buen vino.
Después de una familiar sobremesa y sesteado quien lo haya deseado, es
la hora de subir a la Campa Grande y a la cumbre donde está la señal geográfica de
Piedrafita, si no lo ha hecho por la mañana. Recolecte unos pocos arándanos si ya están
maduros, es un fruto silvestre beneficioso para la ciuculación sanguínea. La genciana
está protegida, respétela.
Seguro que lo está pasando muy bien, pero el tiempo ha transcurrido y hay
que tornar al campamento, merendar tranquilamente, y después, recoger para regresar
poco a poco. Alguna vez mirará hacia atrás o por el retrovisor de su coche porque ha
prometido volver. |
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